El arte de la nutrición | Cuando la comida es un reflejo de las emociones
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Cuando la comida es un reflejo de las emociones

Escucho  muchas veces a las personas que están tratando de poner conciencia en la alimentación (en aquello que se llevan a sus bocas) diciendo que después de comer, o a media tarde quisieran tomarse un dulce y a ser posible de lo más “tóxico” que haya en el mercado.

Y me confirma algo que vengo sintiendo desde hace tiempo. Y es que el cambio en la alimentación está directamente unido, como si de un cordón umbilical se tratase, a lo que los seres humamos llamamos emociones. Ligado a las costumbres llenas de recuerdos.

Y es que ¿quién no recuerda la tarta de cumpleaños que  nos hacía la abuela, madre, tía, alguna figura significativa, o de apego?

O los encuentros familiares en las fiestas donde nunca faltan los dulces.

Pues bien, llegados a este punto, me doy cuenta de que tratar de cambiar algo en la alimentación sin poner conciencia a todo lo que es nuestra vida es un ir contra uno mismo.

Normalmente si no hemos puesto foco a lo que vivimos y cómo lo vivimos, nuestras emociones son muy fluctuantes, muy cambiantes, y sobretodo, muy poderosas.

Y son ellas las que quieren y demandan en unos momentos un tipo de alimentación , conductas, comportamientos, compañías.

Si sentimos una emoción muy cargada, con mucha fuerza, como si fuera una ola, a eso no lo para una manzana, o un zumo.

¿Dirías que te dieran una manzana si te encuentras en un estado emocional muy excitado? No, lo que pedirías sería un pastel de chocolate y a ser posible con algo cremoso.

Observa cuál es tu emoción, qué te está pidiendo y observa cómo crece en intensidad y de la misma manera lo hace el deseo de comer.

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